05 Enero 2012
 

El director del Servicio Jurídico Civil de la Conferencia Episcopal Española, Silverio Nieto, destaca la labor misionera y el impulso a la nueva evangelización del Camino Neocatecumenal.

El lunes 12 de diciembre, festividad de la Virgen de Guadalupe, Patrona de Iberoamerica, el Papa Benedicto XVI nombró obispo de la diócesis del Callao (Peru) al sacerdote madrileño don José Luis del Palacio y Pérez-Medel, que recibirá este sábado, 7 de enero, la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Maria Rouco Varela, en la catedral de la Almudena, de Madrid. Ordenado sacerdote en Lima, por el Beato Juan Pablo II, monseñor Del Palacio Reva, con  más de 35 años sirviendo al pueblo peruano y a la Iglesia como responsable del Equipo It inerante del Camino Neocatecumenal, que cuenta con decenas de misioneros y varios seminarios en distintas diócesis del país hermano. El nuevo obispo del Callao es licenciado en Filosofía y Derecho Canónico, así como Doctor en Teología. Promotor de numerosos centros de formación de catequistas para la nueva evangelización y de Casas de Convivencia, ha sido el fundador de la Facultad de Teología Redemptoris Mater del Callao. Este importante nombramiento de un misionero español como obispo viene a reconocer la labor de los sacerdotes, religiosos y religiosas españoles, que en numerosos países anuncian el reino de Dios. También pone de relieve, una vez más, la importancia misionera del Camino Neocatecumenal. Conviene recordar que otro miembro del Camino Neocatecumenal, monseñor Javier del Rio Alba, desarrolla una incansable actividad apostólica en la archidiócesis de Arequipa (Peru), cuyos frutos se manifiestan en sus dos seminarios y la labor evangelizadora que se lleva a cabo en una población que se declara católica en un 90%. Desde la fundación del Camino Neocatecumenal, en la década de los 60, este modo de iniciación cristiana y de educación permanente de la fe, reconocido por la Iglesia como un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos actuales, lleno de familias, niños y gente joven, se ha ido extendiendo a lo largo y ancho del mundo y, en la actualidad, está presente en 106 países, entre ellos, algunos tan difíciles para el anuncio del Evangelio de Cristo, por la ausencia del reconocimiento del derecho fundamental de libertad religiosa, y tan decisivo para el futuro del cristianismo en Asia, como es el caso de la China comunista.

El Camino, que había nacido en medio de tantos sufrimientos entre los más pobres, vive en la parroquia y está a su servicio, es un instrumento que se pone al servicio de los obispos en las parroquias, con el fin de reconducir a la fe a quienes la han abandonado o nunca la han tenido, tratando de volver al primer modelo apostólico, que nace en torno a las casas y a pequeñas comunidades, donde todos se conocen, se ayudan, incluso económicamente, y rezan juntos. Con más de 3.000 sacerdotes y 86 seminarios, que son diocesanos, y multitud de matrimonios, incluyendo los hijos, en la misión ad gentes, cuya iniciativa se debe al Beato Juan Pablo II, al ver la situación de secularización del mundo occidental, en los últimos tiempos, incluso, se están enviando comunidades en misión.

El Evangelio, la única levadura

La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia, una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Hoy, el Evangelio de Jesús sigue siendo la única levadura capaz de transformar un mundo egoísta y resignado a morir, la única luz capaz de iluminar nuestras tinieblas y alumbrarnos nuevos caminos de esperanza y alegría. En este sentido, en repetidas ocasiones, el Papa ha subrayado la abundancia de frutos de conversión, fe madura, comunión fraterna e impulso misionero de las comunidades neocatecumenales. El Camino ha experimentado en estos años un desarrollo y una difusión en la Iglesia verdaderamente impresionantes. Como la semilla evangélica de mostaza, se ha convertido en un gran árbol, que ya se extiende por los cinco continentes. Pero el Camino, además de la misión ad genies, esta también presente en otras realidades sociales: todas aquellas desde las que se pueda evangelizar y ser testigos de Cristo. Así, en el mundo académico destaca, en España, la prestigiosa Universidad Católica San Antonio, de Murcia, dirigida, con pulso firme y mano maestra, por el miembro del Camino Neocatecumenal don José Luis Mendoza, que, con más de 12.000 alumnos, esta implantada también en Cuba, Austria, Alemania, etc., teniendo como referente la formación católica de sus miembros y la fidelidad a la Iglesia y al Papa, sin menoscabo de una exigente preparación universitaria, acorde con los tiempos actuales.

Benedicto XVI, en la audiencia que concedió al Camino Neocatecumenal el 17 de enero de 2011, destacó que se trata de <<un regalo especial suscitado por el Espíritu Santo: como tal, tiende naturalmente a insertarse en la gran armonía del Cuerpo eclesial>>. En este sentido, <<os exhorto -dijo el Papa- a buscar siempre una profunda comunión con los pastores y con todos los componentes de las Iglesias particulares y de los contextos eclesiales, muy diferentes, en los que estáis llamados a trabajar. La comunión fraterna entre los discípulos de Jesús es, de hecho, el primer testimonio y el más grande del nombre de Jesucristo>>. En el mismo acto, el Santo Padre, dirigiéndose a los sacerdotes, provenientes de los seminarios diocesanos Redemptoris Mater de Europa, y a los más de 2.000 seminaristas presentes, les invitó a "ser sacerdotes enamorados de Cristo y de su Iglesia, capaces de transmitir al mundo la alegría de haber encontrado al Señor y de poder estar a su servicio>>.

La misión en las parroquias

En definitiva, el Camino Neocatecumenal no es un grupo formado espontáneamente, ni una asociación, ni un movimiento espiritual, ni una élite dentro de la parroquia. Más bien, es un grupo de gente que desea redescubrir y vivir la Vida cristiana en toda su plenitud, vivir las consecuencias esenciales de su Bautismo, por medio de un neocatecumenado dividido en diferentes etapas, tal como se hacia en la Iglesia primitiva, pero adaptado a su condición de personas ya bautizadas, de forma que el Sacramento de la regeneración cristiana vuelva a ser lo que era en la conciencia y en la costumbre de !as primeras generaciones del cristianismo. Como consecuencia, estas comunidades tienen la misión de ser, en el interior de la parroquia, el signo y Sacramento de la Iglesia misionera, de abrir un Camino concreto de evangelización para los alejados, dando los signos que llaman a conversión a los paganos, esto es, el amor en la dimensión de la Cruz y la unidad. Este amor, por el que, según el Evangelio, todos reconocen a los seguidores de Cristo, es un amor que exige una donación total, un amor que Kiko Arguello define así: <<Amar significa morir, y nuestra tragedia es precisamente que no queremos morir. Amar al otro cuando es diferente de lo que yo deseo siempre significa un salto en la oscuridad, significar superar la muerte>>.

En conclusión, en el Camino Neocatecumenal es el anuncio del Evangelio, el testimonio en pequeñas comunidades y la celebración eucarística en grupos lo que permite a sus miembros ponerse al servicio de la renovación de la Iglesia y de la nueva evangelización.

 

 

 

Silverio Nieto

 
Artículo extraído de la publicación Alfa y Omega del jueves 5 de enero de 2012