Presentación

Fiel a su ideario fundacional, la Universidad Católica San Antonio ha manifestado desde el principio una preocupación práctica por el alumno, concretada en la atención esmerada hacia cada persona. Por esa razón, la función de tutoría que se ofrece a nuestros estudiantes tiene su origen en el mismo momento en que nació la Universidad.

Al cuerpo de tutores pertenecen personas con un nivel formativo acorde con las funciones que deben desempeñar, y adaptado a la titulación en que desarrollan su labor. Sobre todo, se trata de personas que manifiestan un claro espíritu de servicio y entrega a los demás.

Este servicio que ofrecemos a nuestros alumnos, tiene su razón de ser en el hecho de que la misión de la Universidad no es tan sólo académica. Es decir, no se agota en la trasmisión de los conocimientos teóricos y prácticos inherentes a la titulación en la que el estudiante se encuentra matriculado. Es más importante, incluso, ayudar a la formación integral de cada alumno. Esto implica atender a la diversidad del alumnado, potenciar su desarrollo académico y profesional y desarrollar todas aquellas habilidades que constituyan una auténtica educación para la vida.

La tutoría aporta una función de vigilancia sobre aspectos cualitativamente importantes dentro de la propuesta curricular; entre otros, la educación en valores, la enseñanza de estrategias de aprendizaje, o la capacitación para la toma de decisiones.

En lo que respecta al alumno, la tutoría es un derecho y nunca una obligación. Es, por tanto, voluntaria. Los tutores intentarán hacer ventajosa y útil la asistencia a las sesiones de trabajo, especialmente en los cursos iniciales; pero serán los alumnos quienes en última instancia decidan si quieren o no ser tutelados, y prolongar o no su relación con el tutor a lo largo de sus años universitarios.

 

 En el desarrollo de sus competencias, el tutor asume y ejecuta tres funciones:

  • La intervención preventiva; es decir, aquélla que, previendo un posible foco de dificultades futuras, se anticipa a la aparición de elementos o circunstancias que puedan ser un obstáculo para el desarrollo global y óptimo de la persona.
  • Función correctora o de intervención sobre problemas y carencias.
  • La intervención de desarrollo, entendida como la acción que tiende a potenciar al máximo las capacidades personales y de los grupos.

  

Todas estas funciones las desarrolla en el marco de unos principios éticos que hunden sus raíces en el conocimiento fundamental de las virtudes y de los bienes que iluminan las conductas. En su labor, el tutor, debe respetar siempre los derechos del estudiante como persona y como alumno, lo que implica tener en cuenta sus convicciones personales.

Consideramos que también es misión de los tutores servir de interlocutores entre la Universidad y los padres de nuestros alumnos.