Historia del Monasterio

 

LOS COMIENZOS

La orden Jerónima ha tenido dos conventos en la Región de Murcia. Uno, el hospicio de Caravaca, fundado en 1581 y trasladado en 1638 a la casa definitiva, frente al Baño de la Vera Cruz, que subsistió hasta la desamortización de 1835. El segundo, de mayor entidad fue el Monasterio de Los Jerónimos, a 4 Km. de la ciudad de Murcia, llamado El Escorial Murciano por su colosal mole arquitectónica.

Entre 1443 y 44 el deán D. Alfonso Oña quiso establecer a los Jerónimos en sitio próximo a la ciudad, para lo cual compró diversas haciendas en Puebla de Soto, pero su muerte prematura le impidió llevar a cabo sus planes.

Con el nombre de San Pedro de la Ñora, tomando el mismo nombre que la parroquia de dicha localidad, fue fundado el monasterio, primero en el lugar de La Ñora en 1574-1578 por don Alonso Vozmediano de Arróniz, (cuyo blasón ostenta la banda azul de Alfonso Onceno con sus dos dragantes en campo de oro y por orla ocho calderos. Las banderas militares que figuran exhiben la media luna africana para memoria de sus servicios al emperador Carlos V en la campaña de Africa) quien lo dotó de todos sus bienes y hacienda para vincular a su linaje y sus triunfos militares una inmortalidad que no le hubieran dado las armas, y disponer, como es de suponer de una iglesia donde fuera enterrado, como figura en la herencia de D. Alonso a la orden de San Jerónimo en 1579.

UBICACIÓN DEFINITIVA

A raíz de la riada de 1648 se decidió su traslado a sitio más idóneo para salvaguardarlo de las crecidas del río Segura. El nuevo conjunto de convento e iglesia fue construido por el monje jerónimo, fray Antonio de San José, perito en construcciones y llamado popularmente “el fraile de la Ñora” y siendo inaugurado por el obispo Tomás J. de Montes el 1 de febrero de 1738. Parece ser que el monasterio ya estaba finalizado años antes que la iglesia, inaugurada en la fecha anteriormente indicada. A partir de entonces los frailes reciben multitud de legados y donaciones que enriquecen económica y artísticamente el convento.

Los Jerónimos colonizaron gran parte de la Huerta de Murcia, especialmente la Urdienca.

En el “Catálogo Monumental de Murcia” escrito en 1905-07, el edificio aparece descrito como grandioso, de vastas proporciones, sólida construcción y severo estilo clásico que contrasta con los “recargados exornos churriguerescos que ostenta el templo” en cuyo presbiterio lucían las doradas tablas del retablo mayor (hoy desaparecido y sustituido por otro neoclásico de menos calidad), recargado de hojarasca y angelotes en el zócalo, en el entablamento, en las hornacinas y en el frontón circular que lo remata figurando en el centro sobre una nube de gloria la efigie de la Fe entre dos ángeles vestido de colosal tamaño. Barrocas las demás esculturas colocadas en las repisas y hornacinas laterales, como la de S. Miguel, que ocupa la central, son, sin embargo, obras más correctas y demuestran que fue otro artista más hábil el que las talló. En el crucero, al lado del Evangelio, fue construido el sepulcro del fundador don Alonso Vozmediano de Arróniz, Alcalde e Capitán General de Iusticia mayor que fue de la fortaleza de Bujía por el Emperador don Carlos e Señor de los dos lugares de La Ñora.

Entre sus obras de arte contaba con el San Jerónimo penitente de Salzillo (hoy en el museo de la catedral) situado en la capilla absidal del lado de la epístola, una Dolorosa atribuida al mismo autor (actualmente en una colección privada en Murcia). La mayoría de esculturas fueron trasladadas a la Iglesia de San Agustín, en Murcia, y desaparecidas las mejores obras de arte que en él existían. Entre otros objetos artísticos procedentes de La Ñora que fueron a parar a esta última Iglesia destaca: Un órgano, una inmaculada, atribuida a Salzillo (actualmente en la catedral), dos ángeles orantes que había en la capilla de Ntra. Sra. De la Arrixaca. En el camarín del retablo mayor de San Agustín se recolocó la escultura de San Andrés, también atribuida a Salzillo, un Cristo de las Ánimas también del mismo escultor; un San Roque, tal vez del taller de Salzillo y dos ángeles arrodillados ante un crucifijo, y una imagen de San Antonio junto con numerosos cuadros que fueron reubicados en la catedral.

EL MONASTERIO EN EL SIGLO XIX

Hacia primeros del siglo XIX habitaban el monasterio veintiséis religiosos. Importantísimos fueron los servicios prestados cuando la guerra de la Independencia, la fiebre amarilla de 1811-1813, el hambre y otras calamidades, fuente de abundantes subsidios y asilo de autoridades.

En el período revolucionario de comienzos 1820, fue extinguido el Monasterio, pasando a propiedad del Estado y al dárseles de nuevo a los religiosos, en 1823 la posesión del mismo, fue solo para renovar un decenio después la orden de expulsión definitiva.

Desposeídos de sus bienes dispersó a sus moradores. Entre tanto, el abandonado edificio sirvió para morada de enfermos del Manicomio de Murcia, durante el cólera de 1855, también para los asilados de la Misericordia; hospital de sangre en el período cantonal de Cartagena.

A partir de 1835 el monasterio sufre numerosos saqueos y abandonos. En 1870 era víctima del saqueo y convertido en fortaleza; las mismas baterías colocadas en los tejados atraían las balas enemigas causándole grandes desperfectos.

Ya en tiempos del obispo Landeira pudo ser restaurado y librado de la ruina gracias al clero y a las autoridades eclesiásticas y a su suscripción promovida entre el clero de la diócesis.

En 1878 el obispo Alguacil lo cedió a los jesuitas. Éstos lo han usufructuado durante, aproximadamente, un siglo, habilitándolo sucesivamente para casa de Ejercicios Espirituales, noviciado de la Compañía, escuela de primeras letras, centro de maestría industrial, etc. Parte del edificio también fue habitado por la orden de religiosas “hermanas de Cristo Rey” que permanecieron hasta hace pocos años en él.

Declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional (6 de marzo de 1981) ha sido restaurado externamente.

EL SIGLO XX

La información que nos lleva desde principios del siglo hasta los años cincuenta deja claramente una situación lamentable en lo que al uso de monasterio se refiere, ya que fue ocupado durante la Guerra Civil (1936-39) posteriormente el ejercito del Aire dispuso de él como cuartel de instrucción (águila de la entrada a la Iglesia); si bien la labor llevada a cabo por los jesuitas fue muy importante, llevando a cabo las actividades anteriormente mencionadas, entre las que cabe destacar sobre todo la dedicada a Ejercicios Espirituales y como Escuela de Maestría Industrial.

 

EL MONASTERIO EN LA ACTUALIDAD

Desde 1996 está cedido por el obispado de Cartagena a la Fundación Universitaria San Antonio para la ubicación de la Universidad Católica del mismo nombre, encomendándole su gobierno y gestión.