Julian Marías
in memoriam
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Quizá, con seguridad, ya no escriba más. La razón es divina, como nos recuerda Lope de Vega. Dios es Logos, es Razón. Y la ha depositado en nosotros, aunque a veces se debilite debido a nuestra fragilidad. No perdamos la esperanza. Mientras gracias a esa fuerza me encamino a Dios e imagino cerca, con ilusión, la vida perdurable, pido a mis amables lectores – que me han acompañado benevolentes y atentos durante tanto tiempo – tengan presente el último verso de ese primer soneto de la Rimas sacras de Lope: “Vuelve a la patria la razón perdida”, cuando su luz venza mi oscuridad. Esa luz perpetua que siempre me iluminará. Nos iluminará, divina y admirablemente, a todos con su hermosísima claridad. Con su todopoderosa fuerza.
Marías, J.: La fuerza de la razón. Alianza Editorial, Madrid 2005. Fragmento del prólogo.
Carta póstuma a Julián Marías
Por Belén Blesa
Nada mejor que estas fechas en las que aún resplandece la ilusión – al menos, la de esos personajes tan entrañables, los niños – para mostrarle nuestra gratitud. Para nosotros, usted significa muchas cosas pero, ante todo, lo recordaremos para siempre, o lo tendremos presente, por ser el filósofo de la ilusión.
Una de las grandes virtudes por las que ha destacado la filosofía española, y que viene a ser un rasgo plenamente encarnado en su obra, es el detener la mirada y el pensamiento en algunos acontecimientos humanos que tienen un significado especialísimo en la vida cotidiana, y en los que apenas han reparado otros filósofos de nuestro continente y de fuera de él. Los españoles, que a menudo nos avergonzamos de nosotros mismos, deberíamos sentirnos orgullosos por esto.
La ilusión, creemos, inunda maravillosamente toda su vida y, por añadidura, su obra, la dota de una energía y un encanto incomparables. El trato que da a la ilusión no ha supuesto solamente el haber pensado sobre algo dejado de lado por los filósofos; la ilusión no es un tema cualquiera, sino que es un modo de vivir y de expresar nuestra condición temporal, caracterizada fundamentalmente por estar abierta al futuro. Usted nos ha enseñado que vivir ilusionadamente es, más que nada, una actitud ante la vida que cualquier hombre puede cultivar, al tiempo que es, tal vez, la forma más elegante de alejarnos de todo determinismo y contar, más que con posibilidades, con esperanza. Su reflexión sobre la ilusión ha implicado, además, ampliar el horizonte de la filosofía misma haciéndola cercana y accesible a todo hombre, sea cual sea su ocupación en la vida, desmarcándola así de un clima excesivamente academicista que la pervierte.
Quisiéramos terminar este breve homenaje destacando también el espíritu universitario que ha fluido ardientemente por sus ideas y actuaciones en un momento en el que la Universidad parece haber perdido su savia, el gusto por el conocimiento, y ha pasado a convertirse en una institución-trámite para ocupar puestos en la sociedad. Aquí, desde esta Universidad, trataremos de mantener viva su aportación.
A Julián Marías, gracias por haber existido.
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La Unidad Central de Humanidades agradece a Belén Blesa su amable colaboración en este homenaje a Julián Marías.
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