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Eduardo Segura  

Entrevista publicada en El cultural de
a
[www.elcultural.es]

J.R.R. Tolkien visto por Gusi Bejer
Portada del El cultural, 3/11/2005

     

Eduardo Segura, traductor y biógrafo de Tolkien

“Tolkien encontraba la lengua inglesa actual escasa y pobre para designar la realidad”


¿Cuánto de experimentación hay en estos poemas de Las aventuras de Tom Bombadil?


Como estudioso de la historia del Inglés, Tolkien conocía las formas de versificación empleadas en Inglaterra desde el siglo VII en adelante. Tan importante era la poesía para el autor, que la lengua y los cantos de los Jinetes de Rohan fueron elaborados sobre el anglosajón, al igual que sus nombres (Éomer, Théoden, Éowyn, eorlingas). Otro ejemplo de esto lo encontramos en el personaje de Tom Bombadil que, en la versión original, habla en versos aliterados, siguiendo la métrica del verso anglosajón adaptada al inglés moderno. De hecho, este personaje canta más que habla, y ésa es la sensación que le queda al lector: la de un personaje alegre, que está más allá de la alegría y también del dolor. Sólo Tolkien se ha atrevido a experimentar una actualización del metro anglosajón en el inglés actual, lengua que él encontraba, por eso mismo, escasa y pobre para designar la realidad. De ahí procede el predominio del estilo arcaizante en la mayor parte de El Señor de los Anillos, pero también en grandes tramos de El hobbit, y en todo El Silmarillion, Los Cuentos Inconclusos o El libro de los Cuentos Perdidos.

¿Qué importancia tiene la tradición oral en su poesía?

La tradición oral es la esencia de la invención tolkieniana. La mitología de Tolkien se concibe como una continuidad de relatos, inventados y registrados por mentes de diferentes épocas y culturas, que entran en colisión con personajes de otras razas, eras y contextos culturales. El Señor de los Anillos está atravesado por esas ideas de Tolkien: la impresión de Frodo al escuchar las canciones de los elfos en Rivendel, y sentir que de alguna manera entiende su significado, aun sin comprender las palabras; el choque de mentalidades entre Merry y Théoden; el desconcierto de Bárbol al comprobar que los hobbits "no están en las listas" que él ha memorizado (en verso) y, por tanto, no existen; el canto de despedida de Galadriel, al partir la Comunidad de Lothlórien; la plegaria de Sam Gamyi en la hora oscura en la torre de Cirith Ungol; los cantos de alegría, en fin, tras la victoria en el Pelennor. Tras las tramas de los libros de Tolkien se percibe el eco de una tradición viva, que arroja sus luces y sus sombras sobre el presente de cada personaje.

¿Cuál es la mayor innovación o el mayor hallazgo de estos poemas?

Tom Bombadil fue el nombre que Tolkien dio a un muñeco holandés que había regalado a su hijo Michael, vestido con chaqueta azul brillante y zapatos amarillos, la cabeza coronada por un sombrero con pluma. A Michael no le gustó, y lo tiró al váter. Tolkien lo rescató e hizo de él el protagonista de esa serie de poemas, que completó en 1962 para su publicación. Escritos algunos de ellos en la década de 1920, pertenecen a la época de creaciones de ámbito doméstico de Tolkien, aquéllas que sirvieron de anclaje a El hobbit. En muchos de los poemas e historias de esos años están larvados elementos y personajes que Tolkien desarrollaría en El Señor de los Anillos. Bombadil es el ejemplo quizá más ilustrativo del modo en que la mente de Tolkien buscaba, a partir de 1937, un engarce entre las aventuras de Bilbo Bolsón y la nueva historia del Anillo. Gracias al desarrollo anterior del personaje, su inclusión dentro de El Señor de los Anillos otorga una coherencia poética, propia y única, al hogar de la Dama del río y Tom Bombadil.

¿Qué relación tenía Tolkien con la poesía? ¿Cómo la adaptó a su obra?

Para Tolkien el lenguaje era, en su esencia, poético. Me refiero con este término a la capacidad metafórica de las palabras, a su potencial significativo. Los mundos inventados por Tolkien (del latín "invenire", hallar, encontrar) lo son porque hunden sus raíces en la invención lingüística. Los idiomas alumbran mundos secundarios plenos de coherencia y verosimilitud y, por eso, de credibilidad. Merced a ese modo creativo de escribir tolkieniano, a partir de esa inspiración lingüística, la percepción de "realidad", de historicidad, de la Tierra Media, hace que el lector sienta un cierto anhelo por una vida desarrollada en esos parámetros existenciales: la visión humana y élfica de la muerte y la inmortalidad, la nostalgia ante la belleza caduca, la necesidad del compromiso y la autonegación, el peligro de la codicia y la insinceridad, el poder sobre otras voluntades, etcétera.

¿Cree que la obra poética de Tolkien está a la altura de su producción narrativa? ¿Fue Tolkien un poeta menor?

Tolkien era, sobre todo, un filólogo, un profundo amante de los idiomas y de sus cualidades fonéticas. Por eso la raíz última de su creación está arraigada en el deleite por la invención de nuevos modos de nombrar el mundo y, así, de conocerlo mejor. Para Tolkien, la poesía es vehículo de conocimiento. Este autor describió en diversas cartas su desacuerdo con una idea muy extendida durante el siglo XX: que la poesía tan sólo parecía servir para describir las angustias y perplejidades de mentes atormentadas. Amplios fragmentos de sus obras en prosa fueron desarrollados previamente en verso, e incluso algunos fragmentos de El Señor de los Anillos fueron traducidos a las lenguas de los elfos, el quenya y el sindarin. Y, aunque su poesía está sobre todo vinculada a su mitología y no es tan conocida, la sonoridad del lenguaje y el empleo de la métrica permiten hablar de un heredero de los Románticos, desde Coleridge a Tennyson, pasando por los poetas de la Guerra, siendo – a mi juicio – uno más en la estela egregia de Wilfred Owen, Robert Graves, Siegfried Sassoon y otros poetas de la Generación Perdida.

¿Cuál es la mayor dificultad con la que se encuentra el traductor de la obra de Tolkien en general y la de estos versos en particular?

En el caso de estos poemas, la dificultad es, sobre todo, mantener en la medida de lo posible la rima entre versos, y la interna entre hemistiquios, además de los problemas que plantea el recurso continuo de Tolkien a emplear un inglés arcaico en la elección de los vocablos. Ésa es, sin lugar a dudas, la mayor dificultad para el traductor de Tolkien (lo digo por experiencia): el enorme espectro de registros que manejaba, su vastísimo conocimiento de la etimología y la filología comparada.

Casi todos los poemas están relacionados con la Comarca y el universo de los hobbits. ¿Hay una identificación entre esta raza y el género poético que no se dé con razas como la de los enanos, los elfos y los hombres?

No especialmente, pues cada raza posee su propio bagaje poético, su tradición peculiar y su cultura, plasmada en cantos y poemas, en canciones y dichos. Incluso los orcos poseen su propio refranero, cruel y hostil como es lógico. Pero todas las razas que conviven en la Tierra Media cantan su propio modo de ver el mundo. La poesía élfica es tenue, nostálgica y lenta, como lo es el paso del tiempo para ellos; la de los enanos es dura y brillante, como corresponde a una raza de mineros; la de los hombres, en fin, es vital y altanera, audaz y ávida de eternidad. Y la poesía de los hobbits es alegre, despreocupada, y canta la vida sencilla y las delicias de la buena mesa, del sol y de los campos. Es luminosa.

 

Tolkien y la metáfora

J.R.R. Tolkien es conocido, sobre todo, por ser el autor de El Señor de los Anillos. Sin embargo, son muy pocos los que saben que en la raíz de esa obra magna y de toda su mitología late una profunda inspiración lingüística. La creación literaria de Tolkien nace de la invención de idiomas profundamente coherentes, verosímiles. Además de las veinte lenguas que dominaba, Tolkien inventó otras cinco como bastidor sobre el que desarrollar su mitología para Inglaterra. La necesidad de dar cohesión histórica a esos lenguajes inventados empujó al autor a desarrollar un universo de culturas y tradiciones orales que se entrecruzan, hablándonos de un mundo tan vasto como el nuestro, precisamente porque es el nuestro transfigurado por la metáfora esencial que es la vida.

Tal y como Tolkien expone en su poema Mitopoeia (“el arte de contar historias”), puesto que creamos a imagen y semejanza de un Creador, el hilo que debe vertebrar el quehacer del artista ha de ser análogo al de la esencia del mundo. El núcleo de la teoría y la praxis literarias de Tolkien es un profundo amor por el valor metafórico de las palabras, pues sólo ellas son capaces de captar y nombrar – de cantar – la esencia polisémica de la Creación. Él mismo reconocía la honda raigambre poética de su labor creativa. La riqueza de significado del mundo exige, para Tolkien, el vehículo apropiado para la invención de mundos secundarios: la poesía.

Por esta razón hay poesía en la Comarca, en Bree, en Rivendel; y más allá de Moria, en las llanuras de Rohan y entre los muros elevados de Minas Tirith; en Lothlórien y en Ithilien. Hay poesía y canciones en casa de Tom Bombadil, que habla en verso, que designa la realidad por medio de cantos, sencillos y profundos, a la medida del mundo natural cuyo núcleo aspiran a desentrañar. Porque Bombadil se mueve en la frontera del misterio que es la vida pegada a la tierra, al amor a los árboles. Sólo en Mordor no hay canciones – hasta que llega Sam Gamyi a conmover los muros de Cirith Ungol con su canto de esperanza –, y el país entero permanece silencioso y amenazante.

La poesía, tal y como Tolkien la concebía, es el medio exacto para designar la belleza y el dolor del mundo. Al igual que Chesterton, el autor pensaba que, si fuéramos coherentes, hablaríamos como poetas. Porque la esencia del mundo se ha ido ensanchando, y ahora tan sólo es comunicable de mente en mente por medio de actos creativos, de nuevas maneras de designar la multiplicidad del ser de las cosas, la gloria de este mundo paradójico, desgraciado y redimido.■

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Eduardo Segura es profesor de Humanidades en la Universidad Católica de Murcia. Tanto la entrevista como el artículo han sido amablemente cedidos por El mundo para su publicación en la página web de la Unidad Central de Humanidades. Las aventuras de Tom Bombadil han sido editadas en nuestro país por Minotauro (2005), en edición bilingüe ilustrada por Pauline Baynes.