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Viggo Mortensen en Alatriste (Agustín Díaz Yanez, España 2006)
 

Ignacio de Lalou, un tercio español 
en el corregimiento de Piura (Perú)

Patricia Gutiérrez Rivas
Unidad Central de Humanidades

 

El reciente estreno de la película española “Alatriste” basada en las andanzas del capitán del mismo nombre, el popular personaje del escritor Arturo Pérez-Reverte, un soldado veterano de los tercios de Flandes, ha servido para recordarnos una época (s. XVII) que se estudia como una decadencia por la pérdida del Imperio español de importantes posesiones en Europa.
Hagamos un poco de memoria histórica. Los Países Bajos (Brabante, Flandes u Holanda) pasaron a depender de la corona española con Felipe el Hermoso, esposo de Juana I de Castilla, la famosa Juana la Loca. Entre 1515 y 1516, el futuro Carlos V heredó de sus padres los territorios de Borgoña, los Países Bajos, Castilla y Aragón, y por supuesto las Indias españolas. Será en 1519, al ser coronado emperador del Sacro Imperio Romano, que se convertirá en el señor del mayor imperio conocido en aquella época.
Bajo el gobierno de su hijo Felipe II, los problemas en Flandes se harán más difíciles de controlar. El rey regresó a España dejando el gobierno a su hermanastra Margarita de Parma, y apoyándole una numerosa guarnición militar que los flamencos interpretaron como un ejército de ocupación extranjera. El principal problema que había de solucionar era el de la religión porque en los Países Bajos aumentaba día a día los seguidores del calvinismo. Precisamente una de las pretensiones de algunos nobles flamencos fue que Felipe II permitiera la libertad de conciencia y religión. Al negárseles esta petición, estalló una durísima sublevación a cuyo frente estaban el príncipe de Orange, su hermano Luís de Nassau y el conde Egmont, antaño cercanos colaboradores del rey. Ha pasado a la historia la durísima represión que realizó el duque de Alba, seguida de los saqueos provocados por la tropa española por el retraso en el pago de los salarios.
A la muerte de Felipe II los Países Bajos se habían dividido entre las Provincias Unidas protestantes del norte (Holanda) y los Países Bajos del sur que reunía a las provincias católicas leales a la corona hispánica. A partir de este momento fue cada vez más dificultoso mantener la presencia española en estos territorios, unido a ello la eficacia e importancia de los tercios españoles pasaron al recuerdo.
Pero, que relación hay entre el corregimiento de Piura y  lo que hemos dicho. En una de mis últimas estancias de investigación en el Archivo General de Indias de Sevilla, entre los documentos de la audiencia de Lima se hallaba el expediente de Ignacio de Lalou,*1 español de ascendencia flamenca, que en agosto de 1773 solicitó a Carlos III un corregimiento en Indias, pero no el que el rey quisiera asignarle, sino que especificó que ansiaba el corregimiento de Piura. Para respaldar su petición incluyó cartas del conde de Bournouville y del marqués de Villadarias, caballeros de distinguida hidalguía en la corte española, quienes aseguraban la nobleza de su linaje y su desempeño como soldado.
Ignacio de Lalou era Guardia de Corps de la Compañía Flamenca, empleo que servía desde hacía 12 años. Su familia era originaria de la Flandes española, y tres generaciones de ellos se habían distinguido como parte de las tropas que daban protección al monarca, oficio que también desempeñaba el pretendiente al corregimiento piurano. Dos hermanos de Ignacio de Lalou completaban el cuadro de servidores de la corona formando parte de la Guardia Valona, cuerpo de infantería de elite reclutado en Flandes, creado por Felipe V. En reconocimiento a la extensa hoja de servicios de la familia Lalou, el Emperador Leopoldo I, de la casa de Austria, les había rehabilitado su linaje y nobleza.
A pesar de sus prestigiosos y notorios antecedentes y de su reconocida nobleza, no le fue fácil a Ignacio de Lalou conseguir que se acepte su petición. El Consejo de Indias se negó a concederle el empleo por haber nacido en la Flandes española, territorio que hacía mucho tiempo había dejado de pertenecer a la monarquía hispánica al haber sido cedido a Austria. La Cámara de Indias rechazó el expediente, tachó a Lalou de extranjero, y por lo tanto, sin posibilidad alguna de un empleo en las Indias sin tomar en cuenta los informes favorables del conde de Bournouville y del marqués de Villadarias. Ante esta negativa, Lalou insistirá en varias ocasiones ante el monarca para que no se tenga en cuenta el lugar de su nacimiento, sino su extensa hoja de servicios. Lalou consiguió que el rey se fijara en su petición porque en el mismo expediente Carlos III ordenaba a la Cámara de Indias revisar nuevamente la solicitud de Lalou.

No sabemos exactamente como se resolvió el asunto porque el documento está inconcluso. Aún así resulta interesante comprobar que a finales del siglo XVIII un descendiente de los afamados tercios, aquellos que tanta gloria dieron al Imperio español y de los que ahora se ocupa la película “Alatriste”, solicitó la merced de ocupar el empleo de corregidor en el lejano Partido de Piura en el virreinato peruano.◄

*1 Archivo General de Indias (AGI), Lima 606.