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Cronología
extensa de la vida de San Antonio
Resulta
muy difícil, cuando no imposible, determinar las fechas exactas de los
hechos y acontecimientos de la vida de una persona, tanto más si vivió
hace muchos siglos. En el caso de San Antonio, como sucede en otros muchos
similares, nos constan con seguridad hechos, actividades, viajes, estancias
en regiones o lugares, datos topográficos, etc., de los que, sin embargo,
no tenemos los correspondientes datos cronológicos concretos y seguros,
y no podemos precisar el cuándo, las fechas en que sucedieron, el tiempo
de estancia en una ciudad o región, el inicio y el término exactos de
una determinada actividad, etc. Esto no significa, por otra parte, que
las fuentes históricas carezcan de toda precisión, aunque no nos ofrezcan
la que nosotros quisiéramos. A menudo hemos de contentarnos con fechas
casi seguras, aproximadas, más o menos probables.
En
la vida de San Antonio, las fechas que tienen que considerarse históricamente
seguras, indiscutibles, y que pueden servir de apoyo a las demás, son
las siguientes:
1220:
Antonio ingresa en la Orden fundada por Francisco de Asís.
1221:
Después de la fallida misión en Marruecos, donde pasó gravemente enfermo
todo el invierno, y después de una breve estancia en Sicilia, Antonio
participa en el capítulo general de Asís.
1226:
Antonio se encuentra en Limoges.
1229:
Antonio está en Padua y en la Marca de Treviso.
1230:
Antonio asiste en Asís al capítulo general; de allí se traslada a la curia
pontificia romana.
1231:
Antonio predica en Padua la gran cuaresma; luego permanece algún tiempo
en el eremitorio de Camposampiero; y muere en La Cella, suburbio de Padua,
la tarde del 13 de junio.
Dentro
de ese marco, el análisis de las fuentes históricas permite establecer,
teniendo en cuenta lo ya dicho, la siguiente cronología:
1195:
Sin que se pueda determinar el día ni el mes, nacimiento de San Antonio
en Lisboa, cerca de la catedral, en la que fue bautizado; no sabemos con
seguridad el nombre ni la identidad de sus padres, si bien, según algunas
fuentes, debían de ser de clase social distinguida, y muy jóvenes cuando
les nació este hijo, al que pusieron en el bautismo el nombre de Fernando.
1201-1210:
Durante estos años, aproximadamente, Fernando Martín o Martins, que así
se llamaba nuestro santo, frecuentó la escuela catedralicia.
1210:
A la edad de 15 años sufrió una fuerte y grave crisis de pubertad; y retirándose
del mundo ingresó en el monasterio, o mejor canónica, de San
Vicente de Fora, situado a las afueras de Lisboa, donde vivía una fervorosa
comunidad de Canónigos Regulares de San Agustín, cuyo hábito vistió.
1210-1212:
Un par de años permaneció Fernando en San Vicente de Lisboa, continuando
los estudios sagrados y profundizando en el conocimiento de la Regla de
San Agustín; hasta que pidió a los superiores ser trasladado, para librarse
de la dañina importunidad de los amigos lisboetas que lo visitaban, turbando
su paz interior.
1212-1220:
Desde finales de 1212 hasta el verano de 1220, Fernando permaneció en
Santa Cruz de Coimbra, adonde lo trasladaron los superiores secundando
su deseo de salir de Lisboa. Santa Cruz de Coimbra, perteneciente también
a los Canónigos Regulares de San Agustín, era entonces el centro más famoso
de cultura sagrada en el reino lusitano. Los años allí pasados fueron
importantísimos para la formación intelectual del santo, que podía disfrutar
de grandes maestros y de una rica biblioteca; en cambio, el nivel disciplinar
y espiritual de esta comunidad no alcanzaba unas cotas tan elevadas como
las de la comunidad de San Vicente.
1220:
El 16 de enero de aquel año mueren martirizados en Marrakech (Marruecos)
los protomártires franciscanos, Berardo y cuatro compañeros, quienes,
de viaje a tierra de musulmanes, habían pasado meses antes por Coimbra,
y habían sido acogidos con veneración por la reina Doña Urraca y su cuñada
Doña Sancha. Los restos mortales de los mártires, guardados en dos cofres
de plata, fueron llevados por el Infante Don Pedro hasta Coimbra, y allí
colocados en la iglesia de Santa Cruz, donde todavía son venerados. Los
milagros acrecentaron la devoción del pueblo y fomentaron el recuerdo
de la gesta de los mártires.
1220:
Ordenación sacerdotal en Coimbra. Ningún documento histórico dice expresamente
el lugar ni la fecha de la ordenación sacerdotal de Antonio. Del análisis
de las fuentes parece deducirse con bastante seguridad que Antonio era
ya sacerdote cuando abrazó la forma de vida de San Francisco,
y que debió de recibir la ordenación sacerdotal en la canónica
de Santa Cruz de Coimbra, probablemente en febrero o marzo de 1220, a
la edad de 25 años.
1220:
En el verano de 1220, el canónigo Fernando Martín pasa a pertenecer a
la familia franciscana. Los móviles de la vocación franciscana de Fernando
fueron las noticias que llegaban de los mártires de Marrakech, y luego
la presencia de sus restos mortales en la misma iglesia de Santa Cruz
de Coimbra, con los milagros que los acompañaron. El martirio tuvo lugar
el 16 de enero de 1220, y el Infante Don Pedro necesitó un cierto tiempo
para poder trasladar tan preciosas reliquias hasta Coimbra. Esto y otros
hechos históricos, como la muerte de la reina Doña Urraca el 3 de noviembre
de 1220, permiten situar la vocación franciscana de San Antonio en el
verano de 1220.
1220:
Entre septiembre y octubre de aquel año, un día en que los frailes del
convento o lugar de San Antón de Oliváis fueron a la canónica,
como de costumbre, a pedir limosna, Fernando les manifestó el deseo de
vestir su hábito, si luego lo enviaban a tierra de musulmanes, para merecer
compartir la corona de los santos mártires. Obtenidos los debidos permisos
(el consentimiento del prior y de la comunidad de Santa Cruz), Fernando
Martín pasó de los Canónigos Regulares de San Agustín a los Hermanos Menores
de San Francisco, se fue a vivir al mencionado lugar de Oliváis,
y cambió el nombre de Fernando por el de Antonio. Debió de tratarse de
una estancia muy corta. Allí hizo un brevísimo y acelerado noviciado,
explicable porque se trataba de una persona con formación y experiencia
de vida comunitaria, y porque todo su deseo al cambiar de religión era
tener la posibilidad de ir de inmediato entre sarracenos y sufrir el martirio
por Cristo. Por otra parte, Honorio III prescribió a los Hermanos Menores
el noviciado de un año completo con una bula de fecha 22 de septiembre
de 1220, bula que debió de llegar a Portugal cuando Antonio habría marchado
ya a Marruecos.
1220-1221:
Entre finales del otoño de 1220 y marzo de 1221, Antonio fue misionero
en Marruecos. Admitido en la Orden de San Francisco, obtuvo enseguida
el permiso para ir a tierra de infieles. Desconocemos el itinerario que
siguió y las ciudades de Marruecos en que estuvo; según la costumbre franciscana
tenía que llevar consigo un compañero, pero ignoramos quién lo acompañó.
En resumen, lo que sabemos es que estuvo en Marruecos, y que pasó gravemente
enfermo todo el invierno, de noviembre de 1220 a febrero de 1221; esto
le obligó a regresar sin haber alcanzado el deseado martirio. Los planes
de Dios no coincidían del todo con los de Antonio.
1221:
Por marzo-abril, llegó a Sicilia, donde permaneció poco tiempo. Para recuperar
la salud quebrantada, Antonio había embarcado en Marruecos rumbo a su
patria, pero la violencia de los vientos contrarios empujó la nave hasta
Sicilia, donde el santo pudo desembarcar. Llegó a Mesina, y los frailes
que lo acogieron le informaron que se iba a celebrar pronto un capítulo
general en Asís, al que podían asistir los hermanos de toda la Orden e
incluso los novicios.
1221:
Del 30 de mayo al 8 de junio, Antonio estuvo en el capítulo general de
Asís. Aunque ninguna fuente lo especifica, no hay duda que se trata del
capítulo llamado de las esteras, celebrado en Asís el año 1221, a la cabeza
del cual estuvo San Francisco; fue el último capítulo abierto a todos
los frailes, duró 9 días y al mismo concurrieron más de 3.000 hermanos,
según Jordán de Giano (Crónica, n. 16); en él se informó del martirio
de cinco hermanos en Marruecos y se aprobó la Regla no bulada. Terminado
el capítulo, cada cual regresó a su provincia o marchó a la misión que
se le había confiado. Antonio, incorporado recientemente a la Orden en
tierras lejanas, era allí desconocido y pasó desapercibido, inmerso en
la reflexión de lo que veía y oía; como no tenía un destino establecido,
fray Graciano, provincial de Romaña, lo admitió en su provincia con permiso
de fray Elías, entonces ministro general.
1221-1222:
Desde junio de 1221 hasta septiembre de 1222, Antonio estuvo en el eremitorio
de Monte Paolo, cerca de Forlí. En efecto, después del capítulo general,
Antonio marchó con fray Graciano y otros hermanos a su nueva provincia,
Romaña, y fue destinado al eremitorio de Monte Paolo, en el que no había
ningún sacerdote. Durante unos quince meses, allí pudo el santo madurar
su vocación franciscana, sacar conclusiones de su experiencia misionera,
sumergirse en la contemplación y en la vida ascética. Hasta que un hecho,
en apariencia fortuito, iba a cambiar el rumbo de su vida.
1222:
El 24 de septiembre acudieron a Forlí multitud de frailes, entre ellos
Antonio, para recibir las órdenes sagradas o asistir a tal celebración,
y para luego, en la fiesta de San Miguel, día 29, participar en el capítulo
provincial. Antes de que los ordenandos se trasladaran a la catedral,
sucedió la escena famosa en la residencia de los Hermanos Menores: se
debía dirigir una exhortación espiritual a los ordenandos, y resultó que
ninguno de los sacerdotes presentes, ni siquiera de los dominicos que
habían acudido, se había preparado, por lo que rehusaron improvisar el
fervorín de circunstancias. En tal situación el superior franciscano
de aquella comunidad ordenó a Antonio que dijera dos palabras de edificación,
y el santo, sin pretenderlo, puso de manifiesto su gran cultura bíblico-teológica,
así como su profunda espiritualidad, para asombro y alegría de los asistentes.
1222:
A finales de aquel mismo mes de septiembre, llegó a oídos de fray Graciano,
que como ministro provincial presidía el capítulo de San Miguel, lo que
había sucedido días antes, y hechas las oportunas averiguaciones confirió
a fray Antonio, de acuerdo con la norma de la Regla no bulada, el oficio
de la predicación, que lo habilitaba para predicar en todo el territorio
de su provincia religiosa.
1222:
En octubre de 1222, Antonio comienza su misión de predicador itinerante
por Romaña. Consagra todo su tiempo a la tarea de la evangelización, peregrina
por los pueblos, acude allá donde se le invita a ejercer el ministerio
de la Palabra, predica a sus propios hermanos de hábito, a grupos de estudiantes,
a confraternidades, pronuncia discursos en sínodos, en capítulos canonicales
o reuniones monásticas, e incluso ante la curia pontificia. A su predicación
moral y penitencial hay que asociar su acción pacificadora, su enseñanza
de la S. Escritura a sus hermanos, su enfrentamiento con los herejes,
etc.
1223:
Estancia misionera en Rímini. Este es el único de los lugares evangelizados
por Antonio al que se refieren expresamente las fuentes históricas. Sabemos
que era una ciudad saturada de herejes, a los que Antonio se enfrentó
con sus armas evangélicas: el Evangelio vivido de manera heroica y coherente
por él y sus hermanos, las discusiones públicas, las exhortaciones al
pueblo y los consejos personales. El efecto de su predicación fue notable
tanto entre los católicos como entre los cátaros; cabe destacar la conversión
de Bononillo, veterano dirigente cátaro. Fuentes tardías sitúan en Rímini
el milagro de la predicación a los peces, y el de la borrica que se postró
en adoración ante la Eucaristía.
1223-1224:
Las fuentes históricas, aunque ya no la Assidua, permiten concretar
que San Antonio fue el primer lector o maestro de teología
de la Orden y que comenzó su docencia en Bolonia, capital de Romaña, a
finales de 1223 o a lo sumo a principios de 1224, prolongándose allí su
magisterio de las ciencias sagradas por espacio de un año aproximadamente;
respecto a las fechas hay que tener en cuenta la carta o nota que le dirigió
San Francisco, en la que se cita un pasaje de la Regla bulada, que fue
aprobada por Honorio III el 29 de noviembre de 1223; de otro lado, a finales
de 1224 o principios de 1225 Antonio se encuentra ya en Francia. En la
actualidad no hay dudas sobre la autenticidad sustancial de la breve carta
que envió San Francisco a San Antonio, en la que el Poverello le dice
a mi obispo, así llama a Antonio, que le agrada que enseñe
teología a los hermanos, con tal que el estudio no apague el espíritu
de oración y devoción. Las fuentes subrayan que Antonio se dedicó a la
enseñanza de la teología, no por propia iniciativa, sino accediendo a
las insistentes súplicas de los frailes, por la necesidad de una mejor
formación de los predicadores, y tras obtener la aprobación del mismo
Francisco.
1224-1227:
Desde el otoño de 1224 hasta finales de 1227, San Antonio estuvo en el
sur de Francia, dedicado a una multiforme actividad apostólica. El estado
en que se encontraba esa región, trabajada por la acción de los herejes
albigenses y atormentada por la cruzada y sus secuelas, preocupaba a la
Iglesia, y Honorio III había pedido a los maestros de teología de París
y de otras partes que se hicieran presentes donde estaban los albigenses;
allí se encontraban ya los cistercienses, los hijos de santo Domingo,
y también los de San Francisco, a quienes los máximos responsables de
la Orden de los Hermanos Menores enviaron como refuerzo a San Antonio.
1225:
Hacia 1225 se encuentra Antonio de lector o maestro de teología
y de predicador en Montpellier, ciudadela de la ortodoxia católica, donde
se formaban los dominicos y los franciscanos para predicar a los albigenses
de la región. Aquí sitúan algunas fuentes un milagro de bilocación del
santo mientras predicaba, y algún otro.
1224-1225:
En una fecha que ha de situarse entre septiembre de 1224 y mayo de 1225,
mientras Antonio predicaba en el capítulo provincial que se estaba celebrando
en Arlés (Provenza), se apareció San Francisco estigmatizado. No hay dudas
sobre el hecho, atestiguado ya por las primitivas fuentes biográficas
franciscanas: 1 Cel 48; 3 Cel 3; LM 4, 10; etc.; pero resulta muy difícil
precisar la fecha de tal acontecimiento. El análisis de los datos de que
se dispone sólo permite establecer el espacio de tiempo ante señalado.
1225:
Es más que probable que, por el año 1225, San Antonio estuviera predicando
en Tolosa de Francia, fortaleza de los albigenses, y, como maestro o lector
de teología, diera clase a sus hermanos de hábito; una de las fuentes
históricas dice que aquí sucedió el famoso milagro del mulo, que se arrodilló
ante la Eucaristía.
1226:
Se puede considerar seguro que, en 1226, Antonio fue nombrado custodio
de los frailes de la región de Limoges; en aquel entonces, el custodio
era un cargo intermedio entre el ministro provincial y el guardián o superior
local. Es posible y hasta probable que el nombramiento lo hiciera fray
Juan de Florencia, ministro provincial de Provenza, el que presidía el
capítulo de Arlés en el que se apareció San Francisco cuando San Antonio
predicaba (cf. 1 Cel 48). Antonio recibió un lugar para que
en él se hospedaran los Hermanos Menores, que habían llegado a la ciudad
y alrededores un par de años antes. Abrió también otro lugar
o convento en Brive. Por supuesto, nunca dejó de enseñar y predicar. Fuentes
históricas algo tardías refieren actividades apostólicas, viajes y estancias,
milagros, etc., de San Antonio durante su permanencia en el sur de Francia;
así por ejemplo: predicación en Saint-Junien y anuncio de un hecho prodigioso;
estancia, encontrándose enfermo, en la abadía benedictina de Solignac;
predicación en el sínodo de Bourges, en la que denunció el mal comportamiento
del arzobispo, que se convirtió; guardián de los frailes en Le- Puy, donde
realizó varios milagros o hechos prodigiosos.
1227:
Hacia finales de 1227, Antonio regresó a Italia, atravesando a pie la
Provenza. Pero no podemos determinar la fecha de su regreso, ni los motivos
por los que volvió a Italia, ni si fijó su residencia en algún lugar o
más bien siguió llevando vida de misionero itinerante. Algunos autores
sostienen que Antonio iría a Italia para asistir, como custodio de Limoges,
al capítulo general de Pentecostés que se celebró en Asís el 30 de mayo
de 1227, capítulo importante por ser el primero que se celebraba después
de la muerte de San Francisco, y en el que se eligió como ministro general
a fray Juan Parente, que era provincial de España cuando Antonio ingresó
en la Orden de Hermanos Menores.
1227
(?): De las fuentes se deduce con seguridad que Antonio fue elegido
ministro provincial del norte de Italia, pero este hecho está envuelto
en numerosas cuestiones de difícil solución. No sabemos los límites de
la circunscripción territorial al frente de la cual estuvo (¿Milán? ¿Romaña?
...); después de su renuncia y, tal vez en el capítulo general de 1230,
la Italia septentrional se dividió en varias provincias. Más difícil aún
es determinar la fecha aproximada en que fue elegido, aunque lo fue ciertamente
a continuación de su estancia en el sur de Francia. Hasta 1239, los provinciales
eran elegidos por el general, y no por los capítulos; por tanto, tuvo
que ser elegido por fray Elías, que gobernó la Orden hasta el capítulo
de Pentecostés de 1227, o por su sucesor, fray Juan Parente. El provincialato
no tenía entonces una duración preestablecida, y la mayoría de autores
estima que el de Antonio duró un trienio, aunque alguno lo reduce a un
año. Las fuentes alaban la figura de Antonio como servidor y ministro
de sus hermanos, subrayando su ejemplaridad, su clemencia y benignidad,
su capacidad de conmover los corazones de los tibios y negligentes, su
defensa y protección del buen nombre de sus frailes, su buen humor en
la convivencia, etc. Sabemos con seguridad que Antonio dejó el oficio
de ministro provincial en mayo de 1230, cuando se celebró un capítulo
general con motivo del traslado de los restos mortales de San Francisco
a la basílica que se le había construido.
1228-1230:
Antonio, como ministro provincial del norte de Italia, estaba obligado,
según la Regla, a visitar, exhortar, corregir, etc., a sus frailes súbditos,
y no cabe duda que se entregaría a cumplir su misión; es fácil deducir,
por tanto, que visitaría los lugares, pueblos y ciudades en que residían
sus hermanos, y es obligado pensar que estuvo repetidas veces en Milán,
porque allí se establecieron los franciscanos en 1227 y porque la ciudad
era un foco muy activo de los herejes.
1228:
Las relaciones de San Antonio con Vercelli suscitan varios problemas enmarañados,
y no sólo cronológicos. A la hora de establecer el tiempo en que el santo
estuvo en esa ciudad, los autores vacilan y señalan fechas que van de
1222 a 1230; parece más plausible la opinión que sitúa la presencia del
santo en Vercelli hacia 1228 y estima que duraría cosa de un año. Sin
duda alguna, San Antonio estuvo predicando en Vercelli, y sus sermones
dejaron una huella indeleble incluso en el clero de la catedral. También
está fuera de duda la amistad que unió a San Antonio y a Tomás Galo, famoso
teólogo y comentador de los escritos del Pseudo-Dionisio, canónigo regular
de San Agustín, abad del monasterio de San Andrés de Vercelli, en el que
San Antonio moró durante algún tiempo; para ambos debió de resultar fructuoso
el trato mutuo. En cambio, no parece probable que Antonio y el también
franciscano Adam de Marsh coincidieran, como dice alguna fuente, en dicho
monasterio, si bien es cierto que ambos mantuvieron contactos e intercambios
culturales con el abad Tomás Galo. Sí es posible que Antonio predicara,
pronunciara conferencias o diera alguna clase sobre temas particulares
a la comunidad del monasterio de San Andrés mientras residió allí; pero
no parece históricamente admisible que actuara en Vercelli como maestro
de teología en sentido propio, ni en el monasterio, ni en la casa de los
Hermanos Menores.
1229-1230:
De junio de 1229 a junio de 1230, la Iglesia promovió una gran misión
pacificadora en la región véneta (Marca de Treviso), atormentada por los
crueles enfrentamientos entre facciones de la nobleza. Antonio era entonces
ministro provincial y participó en esa misión, armonizando el cuidado
de los frailes con los viajes de evangelizador y pacificador, tarea en
la que buscó la colaboración de hermanos bien preparados; tuvo que visitar
repetidas veces Padua y es probable que fijara allí su residencia, al
menos temporalmente; así lo exige, además, la redacción definitiva de
los Sermones dominicales y su profunda amistad con el pueblo paduano.
1229-1230:
Parece lo más probable que Antonio, accediendo a la súplica insistente
de los frailes, terminara la redacción de los Sermones dominicales
y su preparación para la publicación, durante los inviernos de 1229 y
1230, cuando disminuían las visitas a los hermanos y la predicación itinerante,
en Padua y concretamente en el convento de Santa María Mater Domini.
1229-1231:
Es indudable que Antonio, en los largos períodos que pasó en Padua durante
estos años, se dedicó intensamente a predicar, a oír confesiones, y también
a enseñar teología a sus frailes en la escuela de los Hermanos Menores,
que él mismo fundó en Padua; más aún, incluso tuvo coloquios y conferencias
de temas bíblico-morales fuera de su convento y en los ambientes universitarios
de la Ciudad, que le profesaron una gran veneración.
1230:
El sábado 25 de mayo de 1230, los restos mortales de San Francisco fueron
solemnemente trasladados de la iglesia de San Jorge a la nueva basílica
dedicada al Poverello. Con este motivo se reunieron en capítulo general
todos los dirigentes de la Orden, entre ellos San Antonio, quien dejó
en esta circunstancia el oficio de minis
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