COMUNICACIÓN PARA EL CONGRESO CARIDAD Y VOLUNTARIADO EN EL III
MILENIO
TÍTULO: “VOLUNTARIADO, MOVIMIENTO PERSONAL Y
SOCIAL”
AUTORA: Mª AUXILIADORA
LUCAS IMBERNÓN
Dirección: Plutón, 9 1º
–30.010 Murcia–
Teléfono y Fax 968
255159
ESQUEMA
DE LA COMUNICACIÓN
MOVIMIENTO SOLIDARIO
MOVIENTO DE CARIDAD
MOVIMIENTO EN LA FE
CONCLUSIONES
INTRODUCCIÓN
Sin duda alguna estamos en un momento
social muy determinado por todos los acontecimientos tanto de ámbito local
como internacional. Estos movimientos hacen que
nuestros sentidos se agudicen para saber donde nos movemos, cuales son nuestros
movimientos y hacia donde van encaminados.
Pero, si en cambio, todo lo que ocurre no nos mueve nada en
nuestro interior, es que estamos en estado grave
o catatonico, o simplemente seremos esos idiotas morales de los cuales habla
Norbert Bilbany que “no sienten la contradicción”.
Es la contradicción en la cual se mueve nuestro mundo
globalizado, que por globalizar, globaliza el sufrimiento, el hambre, la injusticia, además por supuesto, de la riqueza
económica. Por contrapartida, las organizaciones que trabajan en todo este mundo
de la solidaridad, también acuñan el término globalización, para que metiendose
en este carro globalizante, se intente unir todos los esfuerzos para luchar
contra toda esta injusticia que es la exclusión social, producida precisamente
por la globalización económica y la riqueza mundial.
Elijo el término movimiento, para definir todo este mundo
interior que llevamos dentro y que está en
continuo movimiento como lo está todo lo que nos rodea.
Nunca he dudado de que todo sufrimiento humano, produce un
movimiento en toda persona que bien o mal canalizado, produce en el que está al
lado también, un movimiento de ayuda o de
rechazo. Lo de pasar del sufrimiento del otro es otra reacción todavía más
difícil de controlar, pues acallar algo connatural en el hombre, supone hacer
también otro movimiento, aunque este sea para cerrarse ante el otro. Levantar un
muro también requiere un esfuerzo.
Por naturaleza el hombre, sabemos, que se mueve en esa
dualidad del bien y del mal, de querer una cosa u otra, por lo que quedarse
impasible, es hacer un movimiento, pero hacia dentro, controlando los deseos de
hacer algo tanto bueno como malo.
Esto ha contribuido a que el hombre de hoy haya evolucionado
del llamado “ pasotismo” (de hace algunos años) hacia ese individualismo
característico de nuestra sociedad neoliberal.
Sabemos que nos movemos en una sociedad “única”, ya que
solo hay un ideal, un pensamiento único, una
ideología, una política, una religión: la economía, cuyo principal y único
protagonista es el capital.
Sin embargo, en medio de esta realidad tan contradictoria que
rodea al hombre de hoy, no cesa de surgir ese interrogante de hacía donde camina el mundo. Hasta qué punto está llegando el
ser humano en todos los aspectos que lo atañen y que muchas veces, y ante toda
esta maraña en la que vive envuelto, a penas si sabe quién es y sobre todo hacia
dónde camina.
Surgen entonces voces que a
penas se escuchan y que muchos se encargan de confundirlas con otras, para
decir, para denunciar, todo este movimiento de injusticia social que ha minado
lo más profundo del ser humano, su dignidad y su condición de
persona.
A esto es a lo que
principalmente está llamada hoy esta gran fuerza que es el voluntariado: a
recuperar a la persona y a devolverle el puesto que le pertenece y que el
capitalismo despiadado e inmisericorde le ha usurpado
Todos los que trabajamos en labores caritativas nos debe, sobre todo mover, el recuperar a la persona,
ponerla en el centro de su propia historia y de la historia de la humanidad, que
es el sitio que le corresponde.
I.-
MOVIMIENTO SOLIDARIO
Durante muchos años se ha trabajado, se han
proyectado muchas acciones caritativas, incluso se han realizado y se continúan
realizando proyectos para inserción o integración( como se denomina ahora)
“para”, “por” los más necesitados.
Pero en esta evolución constante, en este movimiento
constante buscando qué hacer, cómo llegar a la resolución de problemas, de
situaciones extremas en la que la persona es la más perjudicada, se ha llegado
al “con “. A trabajar con los pobres, a pensar con ellos, a estar con ellos, en
definitiva a ser con ellos.
El camino no es fácil, pero el carácter que se debe dar a
cualquier acción encaminada a procurar el bien de la persona debe empezar a
procurarse precisamente, desde ella misma. Este empezar desde ella misma debe
ser un movimiento puramente solidario.
Puramente solidario quiere decir, que debe surgir de la
propia fuente que( el voluntario) la persona lleva dentro.
Cuado en muchas ocasiones leo o escucho a voluntarios
explicar el motivo por el cual lo son, en muchas expresiones(entre otras) surge
aquello de que, lo que “hacen, lo realizan porque se sienten bien”, o tal vez,
esa conclusión que suena tan bien de que, “recibo más de lo que doy”, en un
alarde de “humildad generosa” algo sospechosa.
Todas las razones pueden ser validas porque sostienen muchas
labores humanitarias. Pero para ahondar en la raíz de la solidaridad auténtica,
para encontrar el origen de este movimiento puro solidario, hay que ponerse
frente a la persona de igual a igual. Esto quiere decir que para acercarse al
otro, al que se quiere ayudar hay que hacerlo en una igualdad total. Comenzando
por algo tan sencillo como es, tener en cuenta que es una persona como yo, con
la misma dignidad.
Es muy importante tener esto en cuenta, porque a menudo, hay
acciones voluntarias, que según con que clase de personas se este trabajando, o
vayan destinadas pueden ser consideradas más fácil o más desagradables
realizarlas. No es lo mismo la ternura inicial que puede despertar un niño, en
cualquier situación de extrema necesidad o exclusión en la que se encuentre, que
una persona mayor que por su aspecto exterior no provoque, precisamente la misma
ternura.
Nunca se debe perder de vista todos los esfuerzos supeditados
a recrear el movimiento de superación destinado precisamente, a superar
situaciones que llevan a mucha gente a lo más bajo de su ser.
Un voluntariado que surja como necesidad propia, para curar
heridas o situaciones que no han sido sanadas de forma efectiva, no llegara a
solucionar situaciones graves de injusticia, provocadas por la pobreza en todos
sus aspectos, tanto materiales como espirituales.
El acto puro solidario es aquel que surge de una persona que
sabe de sus carencias personales, pero es consciente de que no debe ni puede
buscar llenarlas o subsanarlas a costa del sufrimiento empobrecedor de
otros.
El movimiento de superación personal que toda persona tiene
dentro de sí, pero que en el voluntario debe estar muy vivo, debe hacer que
provoque en el otro esa misma respuesta de superación, de lucha por conseguir el
cambio necesario para salir de la situación de precariedad en la que se
encuentre.
Todos tenemos carencias de algún tipo, puesto que la persona
se va haciendo poco a poco, todo está también en constante evolución, y esta
evolución implica llenar constantemente huecos, vacíos que conforme vamos
avanzando en nuestro crecimiento personal, somos más conscientes de que están.
Por lo tanto, desde esta igualdad en la carencia debemos sentirnos todos unidos
en llenar tantas situaciones vacías y sin sentido que están provocadas por la
inconsciencia y la no-aceptación de situaciones difíciles de asumir, y que en
muchas ocasiones están provocadas por carencias materiales.
Una persona que se sienta llamada a ayudar, a darse, debe
hacerlo desde la principal riqueza que lleva dentro. Es tarea del voluntariado
descubrir su propia identidad como persona para poder así, ayudar a otras a
encontrar la suya propia.
Cuando la persona que desempeña una acción voluntaria tenga
clara cual es su identidad, podrá hacer un voluntariado maduro, que aporte lo
que el mundo hoy necesita: personas íntegras, que ayuden a formar y a recuperar
lo que está perdido, o mejor dicho, los que para muchos están perdidos o no
existen.
Se necesitan personas que el afán de superación del que antes
hablaba, les lleve a no contentarse solo con la acción inmediata que están
realizando, sino a implicarse de alguna manera, en trabajar por erradicar la
raíz que ha provocado esa situación de injusticia.
Así mismo, el voluntario que solo se contente con entregar un
par de horas que le sobran en su agenda, y luego vuelva a su casa tal y como
salió de ella, es que no ha entendido lo que significa ser solidario.
Si alguien que realiza una acción voluntaria no se deja mover
por la experiencia vivida, no habrá hecho ningún camino hacia sí en verdad, ni
hacia el otro. Pues si en su vuelta a casa, no lleva impreso la mirada, el
rostro de lo que ha vivido en lo más profundo de su ser, es que no ha
descubierto la esencia de la solidaridad.
Hay que dejarse mover, con-mover, con el otro, para crecer en
humanidad y así, comenzar a dar pasos hacia ese gran trabajo que va a suponer
para el voluntario del III milenio, recuperar a la persona en todas sus
dimensiones.
¿Qué es lo que mueve a una persona a dar su tiempo, a
entregar su vida a los demás sin a penas reconocimientos ni sueldo
aparentes?.
Esta sociedad “única”, cuyo único ideal es el capital, nos ha
vendido, y lo sigue haciendo, que no hay más ideal que él mismo. Lo grave es que
todo el mundo se lo ha creído y todo funciona en torno a él. El colmo está, en
que también nos están diciendo que ya no hay ningún modelo de sociedad clara en
la que encaje la sociedad actual.
Los historiadores por más miradas y lecturas de los
acontecimientos pasados y presentes que hacen, así como los sociólogos, por más
análisis de discursos culturales, religiosos y sociales que hacen, no terminan
de ponerle un nombre con alguna garantía clara de acierto, a este tipo de
sociedad en la que estamos viviendo. Sobre todo por todas estas situaciones
tanto sociales, políticas y económicas que se producen, y que ni los mismos que
planearon la estrategia a seguir, son capaces de prever un futuro a largo
plazo.
Solo los economistas aciertan en sus pronósticos de desastres
económicos, que ya están sucediendo y que sin duda repercuten y repercutirán, en
la evolución de la persona, como ser social sometida a una presión
extraordinaria por todos lados.
Y para apoyar todo esto, nos convencen de que ya no hay un
ideal por el que luchar. No hay una ideología por la cual valga la pena
implicarse en su desarrollo, haciéndola realidad. Convence más aquello de que”
para qué me voy a mover sino se va a conseguir nada”. Este el discurso más
vendido y que más se escucha, porque está muy asumido por una gran parte de la
sociedad, que ha hecho que no exista ese deseo de luchar por cambiar estas
estructuras injustas en las que vivimos inmersos.
Esta es una de las razones principales por las cuales han
surgido todas estas realidades tan dramáticas. Las llamó así, porque no hay cosa
más dramática que quitar al mundo, a cualquier persona, y sobre toso a lo s
jóvenes, la capacidad de luchar por algo duradero, luchar por un futuro más
pleno y no este ficticio, manipulado y conducido por unos pocos, hacía intereses
puramente materiales. Con el único motivo de saciar, algo tan connatural en el
hombre, como es su capacidad de dominio. Queriendo dominar la capacidad de
soñar, de creer.
No se puede tampoco acallar y dominar otro instinto del
hombre connatural a él también, que es la libertad. Sobre todo la libertad a
creer en algo diferente, y a aspirar a otra cosa diferente. De aquí surge, el
motivo que hace que muchos se planteen una forma diferente de vivir, revelándose
ante tantas situaciones, que como digo llevan a destruir a la
persona.
Ante tantas situaciones de injusticia provocadas, en su
mayoría por las desigualdades económicas, que provocan las mayores carencias,
surge el ideal principal para re-crear un mundo convulsionado por la violencia,
cuyo resultado es que el hombre se vea sumido en una condición inferior para la
que fue creado. Este ideal no puede ser otro que el amor.
Juan Pablo II es su encíclica Evangelium Vitae, invita y urge
a un compromiso ineludible de construir esa civilización del amor, en la que el
hombre pueda desarrollar todas sus potencias vitales, como tal.
Es un compromiso para todos no solo para los que se declaran
cristianos, sino para todo hombre que sienta, que intuya que el mundo que
conocemos no está tan bien como nos dicen que está.
Ante el creciente número de organizaciones que han surgido,
como respuesta a tantas necesidades que se ven y a las cuales los gobiernos se
ven incapaces de subsanar, surge un cuestionamiento sobre la identidad del
voluntariado, así como la búsqueda de una identidad propia.
En el deseo de ayudar, surgen muchas buenas voluntades por
todas partes que ni las mismas organizaciones, dan abasto para encauzarlas en
beneficio de una riqueza y calidad en las ayudas que se pueden prestar. Es
necesario no dejarse confundir, ni por supuesto, manipular. Ya que, incluso los
gobiernos se han querido meter en este campo, haciendo leyes para querer
encauzar la gratuidad, cuando son los menos indicados para ello.
La política actual no tiene, ni mucho menos el concepto, ni
el sentido auténtico de lo que es la gratuidad o el altruismo. Las intenciones
que mueven estas políticas de ayuda son siempre basadas y destinadas a
manipular, el mal llamado bien común. Lo más grave es que se juega con las
personas creando dependencias nada liberadoras y futuros dependientes de la
política social de turno.
En la búsqueda de una ética sobre todo moral, hay que tener
claro el ideal principal, y hay que tenerlo no solo como fundamento principal,
sino como principio y final de la acción.
Me sorprende mucho, cuando parece que no se tiene claro cual
es la identidad de organizaciones que llevan muchos años trabajando por la
justicia, y que de pronto se han visto tan superadas( o al menos eso dan a
entender) por acontecimientos y por su propio crecimiento, que parece que han
perdido esa idea clara de su propia identidad.
Pero no se puede dar esa impresión, pues a muchos puede que
le sirva para justificar acciones o actitudes equivocadas. Al pararse y mirar
hacia dentro de nuestras organizaciones, es muy importante detectar qué
movimientos hay hacia el ideal que las mueve, y que siempre debe estar vivo y
fresco.
Nuestros cuestionamientos deben surgir de la exigencia propia
y personal, y cuando ésta esté clara, transportarla hacia el exterior, pero
siempre con un deseo de construir.
El voluntariado que surge de un compromiso interior movido
por la fe, debe estar fundamentado en el amor propio y movido hacia los demás.
Es trabajar y moverse siempre, en el principal mandamiento de Jesús”: amar al
prójimo como a uno mismo”.
Aquí está la esencia y el movimiento de la auténtica
solidaridad y del ideal único que debe mover al voluntariado. No es necesario
declararse cristiano para amar o para trabajar por y con el otro. Es necesario
aceptarse a uno mismo y amando lo que uno es, con pobrezas y debilidades
asumidas, salir al encuentro del otro, para juntos complementar carencias. En
uno serán unas, tal vez materiales, en otro serán espirituales, pero si la
mirada es de igual a igual, el amor hará el resto.
La ética, el ideal, la identidad que da el amor, es la que
hace que las acciones voluntarias tengan la calidad y la fuerza necesarias, para
dar vida y comunicar esperanza a este mundo desesperanzado.
Pero falta un ingrediente, un movimiento que hace efectivo
este gran movimiento que estamos contemplando que es el voluntariado, y que
convierte en realidad muchos proyectos calificados de imposibles, pero que son
semillas de un mundo nuevo y factible. Es el movimiento de la
Fe.
III.- MOVIMIENTO EN LA
FE
“Os aseguro que si tuvierais una fe del tamaño de un grano de
mostaza, diríais a este monte”: trasladate allá y se transladara; nada os sería
imposible”(Mt17, 20).
Verdaderamente todo este potencial humano y gratuito que
lleva y saca hacia delante proyectos con, a veces los mínimos medios, tiene una
gran autoridad y fuerza para levantar la voz, y hacer lo imposible. Solo hace
falta creer, y creer en esta fuerza de amor que aglutina tanta gratuidad y que
pasa, muchas veces desapercibida, incluso para los mismos que la desarrollan.
Esto se debe precisamente a esta falta de fe.
Es la fe que Jesucristo nos dice una y otra vez que hay que
tener, no solo para mover montañas de pobreza e injusticias, sino que si creemos
de verdad, podremos mover cordilleras, y hacer reverdecer montañas desiertas y
cubrir de claridad cielos oscuros, por la violencia y por el odio. Solo hace
falta creer.
No cito las cifras de todos los voluntarios que trabajan hoy
en todo el mundo, pero si estos millones de acciones se juntarán y se pusieran a
empujar una montaña, terminarían moviéndola y haciendo que las raíces y
cimientos se movieran, se tambalearan y tal vez se derrumbaran, pero para volver
a construir, pero esta vez una civilización del amor.
Esto es lo que se espera, lo que muchas voces están clamando:
un cambio de estructuras. Pero para esto hay que mover muchas voluntades. Hay
que hacer que surja un ideal, un modelo que seguir, una nueva estructura que
construir. una nueva sociedad que pro-mover.
Y esto es posible, solo hay que creer sobre todo que esta
masa ingente de personas trabajando por la justicia es la llamada a reconstruir
este mundo. Reconstruirlo con la vuelta a los valores que hagan devolver a la
persona su sitio, restituyéndole su dignidad robada por la pobreza y por la
miseria.
El ideal lo tenemos, el amor. El modelo de persona,
Jesucristo. ¿Qué esto es una utopía?. Puede ser, pero es que esto también, hay
que recuperar: creer en una utopía. El capitalismo nos ha robado precisamente
esta capacidad de caminar, de movernos hacia algo que llene de verdad el corazón
humano. Es importante no quedarse parado, sino caminar siempre hacia delante
luchando con esperanza y con ilusión, y así, poco a poco, uno y otro esfuerzo
hará posible lo imposible.
La alegría de darse a los demás basada en la esperanza
surgida, desde un corazón plenificado por el don de la gratuidad, es el mayor
reclamo de un voluntariado para hoy, para este III milenio.
La caridad, el amor es el principio y fundamento de una nueva
estructura social, con un estilo determinado: el evangelio de Jesucristo.
Insisto, puede parecer una utopía pero hasta algunos
economistas, aconsejaban hace un par de años, el estilo cristiano de economía
(ahorro, previsión de futuro...), para nivelar estas grandes diferencias de
riqueza y de pobreza. Casi no se han escuchado, pero ahí quedaron las
propuestas. En la economía no tiene cabida la palabra altruismo.
Solo desde la libertad que da el desarrollar el don de la
gratuidad día a día, en una entrega fiel y a los demás, se puede hacer caminar y
mover el mundo con la convicción profunda de estar colaborando en la tarea de
crear esa nueva sociedad, solo hace falta, creer.
CONCLUSIÓN
El voluntario del III milenio está llamado a reconstruir la
sociedad, empezando por reconstruir la solidaridad. Esta solidaridad que debe
surgir desde la igualdad esencial que existe en toda persona, y que todos
estamos llamados a reconstruir también.
Es necesario caminar y pro-mover una solidaridad que iguale,
que surja desde ese movimiento interior que lleve a no quedarnos impasibles ante
el que sufre.
Muchos líderes mundiales han querido ejercer también alguna
clase de solidaridad, pero aquella que no surja desde una verdad auténtica, es
susceptible de verse contrastada con la realidad dura de la injusticia, y
convertirse en un alarde de poder para manipular, una vez más, conciencias y
voluntades.
El auténtico líder de la solidaridad es Jesucristo. “ Él que
se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza”. Él que no tenía ninguna
carencia quiso igualarnos a Él, colocándonos en la misma categoría que
precisamente nuestras debilidades, nos hacen continuamente perder.
Precisamente y a ejemplo suyo, es hacia donde se debe mover
esta fuerza del voluntariado: devolver la categoría humana a toda persona que
por sus carencias pierde esta potencialidad del ser: existir en
plenitud.
No es excusa no ser cristiano para seguir a este líder. Jesús
de Nazaret existió, es un personaje histórico y de gran relevancia. Los grandes
apóstoles de la no-violencia ( M.L, King, Gandhi..) que pro-movieron grandes
cambios en sus sociedades, se inspiraron en este modelo para realizar estos
cambios.
Una personalidad como la de Jesús tan fuerte y con tanta
autoridad, es la que deberíamos ,sin miedo , proponer al mundo como ideal para
este cambio de sociedad. Su propuesta de felicidad es asequible por todos y para
todos.