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CONGRESO INTERNACIONAL DEL VOLUNTARIADO
"CARIDAD Y VOLUNTARIADO PAR EL III MILENIO"
CONCLUSIONES
1.- El fenómeno del voluntariado se ha desarrollado a nivel
mundial en los últimos años de una forma admirable.
Ese desarrollo ha tenido lugar especialmente entre los jóvenes,
haciendo patente la capacidad de la juventud para conocer, querer
y transmitir el bien por todo el mundo. Los jóvenes manifiestan
una gran sensibilidad para captar la injusticia, y la fuerza de sus
compromisos llega a asombrarnos. Buena prueba de ello es, como se
ha dicho en este Congreso, la importancia que el valor de la solidaridad
ha adquirido entre las nuevas generaciones, que ven en la ayuda al
necesitado un gran bien que debemos rescatar e introducir en la estructura
social del mundo.
2.- El voluntariado es fruto de la acción libre de millones
de personas que deciden dedicar parte de su tiempo, es decir, de su
vida, a mejorar la situación de las personas más desfavorecidas.
Es, por lo tanto, un gran testimonio del valor de la gratuidad, que
nos alegra profundamente en un mundo en ocasiones extremadamente individualista.
3.- Sin embargo, también se ha hecho manifiesto a través
de los testimonios y las ponencias que nos han acompañado,
que el trabajo realizado por los voluntarios se ve a veces empañado
por la terrible eficacia de la injusticia, de la marginación,
del sufrimiento,… en definitiva, del mal. La desesperación
aparece en los espíritus ante la persistencia del mal, que
se muestra muy superior a nuestras fuerzas y cuyas causas parecen
tantas y tan difíciles de erradicar. No es extraño que,
cuando no encontramos un sentido más elevado a nuestra acción,
las dudas sobre su validez nos asalten y la ilusión inicial
se extinga.
4.- El voluntariado cristiano sabe que la victoria del mal es, si
acaso, aparente. Lo sabe porque la raíz del esfuerzo del voluntariado
cristiano se encuentra en Cristo. Los creyentes conocen la Resurrección
del Señor, conocen la profunda positividad que se encuentra
en el fondo de la realidad, y que se debe al Amor de Dios por su creación.
La profundidad de sentido que se presenta en la base del voluntariado
cristiano es su principal fuerza, porque el creyente sabe que está
mostrando, con su palabra y con su testimonio, la presencia salvífica
del amor divino.
5.- Los pilares de la acción del voluntariado cristiano son,
por lo tanto, dos: El amor de Jesús que ha dado su vida por
sus hermanos, y lo ha hecho gratuitamente; y la victoria sobre la
muerte (mal entre los males) del Amor divino.
6.- Hemos podido comprobar a lo largo de estos tres días
cómo la capacidad de donación que Cristo nos mostró,
y cuyo ejemplo siguen los creyentes, se ha hecho presente en el mundo
a lo largo de la historia. Se nos ha recordado que las primeras comunidades
cristianas no presentaban su acción en el mundo con el único
móvil de la transformación de las estructuras sociales,
sino movidas por una fuerza todavía mayor: la que emana del
Evangelio y cuya manifestación hacia los demás es la
Caridad. Del mismo modo, hemos podido conocer otras actividades e
instituciones que, movidas por esa misma fuerza, han contribuido en
todo momento a mostrar, de una manera concreta, que el Redentor del
hombre está presente en el pobre y en el que sufre y quiere
ser reconocido y amado en cada criatura humana.
7.- La Caridad es el amor de donación que busca ser reflejo
del poderoso Amor de Cristo, de ese, decían los Padres de la
Iglesia, “Amor loco” que entrega su vida sin recibir nada
a cambio. Por eso la caridad es muy superior a la solidaridad, sin
dejar de ser éste un valor de gran importancia. La Caridad
dota de sentido a la acción solidaria y la santifica, llenándola
de los carismas del Espíritu. La Caridad permite que la solidaridad
llegue más allá de la necesidad, más allá
de la ayuda concreta. La Caridad establece un lazo personal, baña
a las personas y las transforma, establece una conexión entre
la acción, las personas, y Dios. En la Carta que el día
5 de diciembre (Día mundial del voluntariado) Su Santidad Juan
Pablo II dirigió a los voluntarios de todo el mundo podemos
leer estas palabras: “A través del amor a Dios y del
amor a los hermanos, el cristianismo libera toda su potencia salvífica.
La caridad representa la forma más elocuente de evangelización,
pues respondiendo a las necesidades corporales, revela a los hombres
el amor de Dios, como Padre atento, siempre solícito para cada
uno.” No se trata sólo de cubrir las concretas necesidades
materiales de las personas más desfavorecidas, sino de llevarles
a experimentar de manera personal la Caridad de Dios. A través
del voluntariado el cristiano se convierte en testigo de la caridad
divina: la anuncia y la hace tangible en todo momento, en la medida
en que él mismo se siente bañado por ella.
8.- No debemos olvidar que la acción caritativa tiene lugar
en un momento concreto, en unas determinadas circunstancias, y con
unas posibilidades y condicionamientos sociales. Es necesario, entonces,
prestar atención a la situación general en la que se
desarrolla el voluntariado. Dentro de ese marco general resulta de
gran importancia el fenómeno de la globalización, tanto
por su naturaleza como por sus efectos. No olvidemos que los orígenes
de la Doctrina Social de la Iglesia, cifrada en la Encíclica
Rerum Novarum de León XIII, justificaba la extensión
del Magisterio del Romano Pontífice al orden social por la
importancia de las nuevas cuestiones que planteaba a la familia cristiana
los cambios en las estructuras sociales provocadas por esas “cosas
nuevas”. Respecto a la globalización, la enseñanza
de la Iglesia, como ha quedado patente en este Congreso, remarca tres
principios básicos: el reconocimiento de la dignidad de la
persona humana, la solidaridad nacida de la fraternidad humana -cuyo
origen es que todo hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios-
y la subsidiariedad.
9.- El voluntariado contribuye y debe seguir contribuyendo a la creación
de una verdadera cultura globalizada de la solidaridad. Es necesario,
como dijo Juan Pablo II en un discurso dirigido a Kofi Annan en el
marco de las Naciones Unidas, “entretejer de solidaridad las
redes de las relaciones recíprocas entre lo económico,
político y social, que los procesos de globalización
en la actualidad tienden a aumentar.” Junto a esto se hace prioritaria
la promoción de órganos internacionales de control y
guía válidos, que procuren encaminar la globalización
económica, política y social hacia la mejora de las
circunstancias vitales de todos los habitantes de la tierra, pero
con especial atención a los más débiles. La opción
preferencial por los pobres se debe hacer manifiesta también
en el ámbito de las instituciones internacionales.
10.- El voluntariado hace patente la gran capacidad difusiva del
bien, hace patente cómo el amor divino se hace presente en
la tierra a través de la gran multitud de creyentes que, movidos
desde lo más profundo de su ser por la fuerza de la Caridad,
dedican todos sus esfuerzos a entregar su vida por los demás.
Todos sabemos que la paz, ese bien tan deseado en los momentos de
tensión que vive actualmente el mundo, será posible
en la medida en que toda la humanidad sepa redescubrir su originaria
vocación a ser una sola familia, en la que la dignidad humana
sea reconocida a todo hijo de Dios sin diferencia de raza, sexo, nivel
de desarrollo físico o psicológico y por encima de cualesquiera
tipo de intereses económicos, políticos o ideológicos.
UCAM
Guadalupe, 23 de febrero de 2002.
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